Las miró y se acordó de su esposa; eran tan diferentes.
A veces le dolía pensar en ella, como si ella tuviera la culpa de sus achaques.
Sorbió el café.
Sabía amargo, pero como si tuviera un poco de malicia.
A veces le gustaría que su vida tuviera un poco más de malicia, y menos de café.
Se despidió de las chiquillas con un beso.
A veces ellas lo miraban más como un abuelo que como un cliente.
Quizás debería empezar a tomar café en la casa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario