Y fue así que renegó de las mujeres y dedicó su vida a crear a aquella dama perfecta con la que comparaba a las demás.
Trabajó arduamente, tan arduamente que perdió toda noción de su vida.
Su vida dependía de aquella imagen...
Y fue así que un día llegó a la perfección, y la mujer que se presentó ante sus ojos fue tan bella que se enamoró de su obra.
Posó sus labios sobre el mármol frío, y lloró de felicidad ante su perfección y por la soledad de amar una imagen que jamás le pertenecería.
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